Yo he visto el amor verdadero

Yo he visto el amor verdadero

Yo soy doula desde hace unos años, y es un gran privilegio estar ahí presente en cada parto…

A veces en silencio, a veces vocalizando, otras cantando, conteniendo o animando… usando palabras que nacen del corazón.

Veo a una madre entregarse, respirar, cansarse, recargarse y seguir. Veo a una madre abriendo el umbral de la vida, dejando pasar por ella el amor de la creación.

El cuarto a media luz, silencio, un susurro ‘ya no puedo’ y entonces aparecen unos brazos llenos de amor, que contienen, que dan fuerza. Un corazón que late al mismo ritmo que el de la madre y que muestra un rostro de angustia contenida. No le gusta verla pasar el dolor y al mismo tiempo admira su trabajo y la ama más a cada minuto. Ese corazón estuvo en la procreación, cuidando el embarazo y anhelando el nacimiento.

Ella retoma fuerza, se siente amada, se siente protegida, y sigue el amor haciendo su trabajo. Cuanta oxitocina fluye.

Ya pasadas las horas, el cuerpo empieza a dar vida y al mismo tiempo señales de cansancio extremo, yo sigo en mi trabajo, lista para lo que ellos requieran… en silencio.

A los minutos, cuando parece que el amor ha llegado a su límite, llega el momento cúspide. Y una hermosa presencia de amor ilumina la habitación.

Hay lágrimas de alegría, y los ojos de todos los presentes desbordan brillo y no pueden dar crédito a tremendo acontecimiento.

Yo lo he visto muchas veces, cientos tal vez, y de todos modos me supera, me llena, me quiebra… ahí he visto el amor.

Pero sigue, quien ha dado todo, ahora se da ella misma. Se conecta con su bebé, son uno sólo de nuevo, ella lo acerca, le da alimento, amor y seguridad.

El movimiento alrededor no interrumpe, es fuerte la burbuja que han creado, como si estuvieran solos.

Ella cae rendida, duerme. El bebé come un poco más y duerme.

Pero hay unos ojos abiertos, un corazón lleno de orgullo, miedo, ilusión… vigilante. Y en sus ojos veo amor.

Me aseguro que todo está dispuesto, ordenado, que los tres están bien y en silencio me retiro, pero antes de cerrar la puerta miro esa escena increíble, tres siluetas, una familia haciendo mejor este mundo.

Lo más increíble es que después de permitirme vivir todo esto, antes de cerrar la puerta escucho ‘gracias’… solamente sonrío, no encuentro palabras, la gratitud supera mi humanidad.

Ellos se quedan acurrucados, a media luz.

Ahí he visto el amor pleno.

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